miércoles, 30 de marzo de 2011

Pentateuco y Libros Históricos

5. ¿Moisés es el autor del Pentateuco, sí o no, por qué?

Creo que debe evitarse caer en una visión unilateralista, más bien, es oportuno hacer la distinción en su aspecto literario y teológico. Literariamente no se puede sostener la autoría mosaica del Pentateuco como lo demuestra las repeticiones, los duplicaciones y los triplicados de narraciones y leyes que apuntan a diferencias de vocabulario y estilo. Además de anacronismos y de la descripción de la propia muerte de Moisés (Dt 34,5-12). Sin embargo, teológicamente se sigue sosteniendo la paternidad mosaica de la Torá, tal como lo hemos heredado de algunos pasajes veterotestamentarios, neotestamentarios y de los Padres, sólo por citar algunos ejemplos Jos 1,7; 1 Re 2,3; Neh 8,1; Jn 7,23; 8,5; 1 Cor 9,9; San Ireneo de Lyon se expresa “Moisés, resumiendo toda la Ley…”. Esta distinción es esencial para la interpretación del Decreto de la PCB del 27 de Junio 1906, con la cual sostengo que la paternidad mosaica que hace mención el Decreto, debe entenderse en el aspecto teológico.

Bibliografía: J.L. Ska, Introducción a la lectura del Pentateuco. Claves para la introducción de los cinco primeros libros de la Biblia, Estella 2001, pp. 65-134. J. Loza Vera, El Pentateuco. El problema literario, T. I, México 1999, pp. 135-209. J. L. Sicre, El Pentateuco. Introducción y textos selectos, Buenos Aires 2004, pp. 31-38. Id., Introducción al Antiguo Testamento, Estella 2002, pp. 78-81. R.N. Whybray, El Pentateuco. Estudio metodológico, Bilbao 1995, pp. 225-238. F. García López, El Pentateuco. Introducción a la lectura de los cinco primeros libros de la Biblia, Estella 2004, pp. 17-35. J. Menchén Carrasco, Pentateuco, en: Comentario al AT, T. I, pp. 13-23. San Ireneo de Lyon, Contra los herejes. Exposición y refutación de la falsa gnosis, México 2000, pp.364-366.

6. Existe un bloque de libros en la Biblia que se les conoce como ‘históricos’, ¿a qué se debe es denominación?

Esta denominación la hemos heredado de la versión griega conocida como los LXX y de la Vulgata. Abarca dieciséis libros, a saber, doce libros de la TaNaK, es decir, seis de los Nebiîm (Profetas anteriores) y seis de los Ketubiîm (Escritos), además de cuatro libros deuterocanónicos y un fragmento de Esther. Dado que narra la historia de Israel desde la conquista de Palestina hasta la muerte de Ptolomeo, además de incluir las historias episódicas por ejemplo Judit, Rut solo por mencionar algunas, que marcan el estilo de vida ejemplar. Por ello se le ha denominado “libros históricos”, aunque no en el sentido moderno de historia. Para González Lamadrid “La historia bíblica no es crónica o narración neutral y aséptica de los hechos” es una historia de por sí, “interpretada y narrada”.

Bibliografía: Marie de Mérode, Concepto bíblico de Historia, en: Diccionario Enciclopédico de la Biblia, Barcelona 1993, pp. 722-723. Nacar – Colunga, Sagrada Biblia, Madrid 1968, pp. 12-18. A. González Lamadrid, Las tradiciones históricas de Israel, Estella 2000, pp. 13-19.

Introducción a la Biblia y Métodos Exegéticos

3. ¿La exégesis y hermenéutica bíblicas son necesarias enseñarlas al creyente del pueblo de Dios que lee la Biblia, o solo es facultad de especialistas?

Creo que si es necesario. La comprensión de la Palabra de Dios no es para especialistas sino para todo el Pueblo de Dios. Pero habría que observar lo siguiente, cuando el creyente no domina la terminología técnica, habrá de expresarse en un vocabulario más accesible a él. Por ejemplo, G. Lohfink expone de forma didáctica la historia y crítica de las formas en su obra “Ahora entiendo la Biblia”. Cesar Mora Paz muestra dicha necesidad en “Nuevas formas de leer la Biblia”. Severino Croatto presenta ejemplos sencillos donde aplica sus “Hermenéuticas”. Por último, Toribio Tapia Bahena con su pedagogía de la “Lectio Divina” supone dicho conocimiento, al menos en el primer paso de la lectura y comprensión del texto. Además, se hace necesario para leer y vivir la Palabra de Dios en la Iglesia y no caer en pietismos falsos, espiritualidades verticalistas, lecturas fundamentalistas y subjetivas como lo previene la Dei Verbum (nn. 12.23), PCB en la Interpretación de la Biblia en la Iglesia (I.F y III) y la Verbum Domini (nn. 29-49).

Bibliografía: G. Lohfink, Ahora entiendo la Biblia. Crítica de las formas, Madrid 1977. César Mora Paz, Nuevas formas de leer la Biblia en la Iglesia, México 1998, pp. 73-108. Toribio Tapia Bahena, Para una interpretación bíblica contextualizada, en: Reseña Bíblica 39 (2003), pp. 54-57. José Severino Croatto, Hermenéutica Bíblica. Para una teoría de la lectura como producción de sentido, Buenos Aires 2000. Id., Hermenéutica Práctica. Los principios de la hermenéutica bíblica en ejemplos, Quito 2002. Concilio Ecuménico Vaticano II, Dei Verbum, Madrid 1965. Pontificia Comisión Bíblica, Interpretación de la Biblia en la Iglesia, Vaticano 1993. Benedicto XVI, Verbum Domini, México 2010.

4. ¿Es posible fundamentar la Biblia como libro que contiene una palabra que es divina y humana a la vez?

Por supuesto, aquí tocamos el fenómeno de la “inspiración”. Por un lado, Dios inspira al hombre para que escriba “todo y solo lo que Él quería”. Por otro lado, el hombre intervine de forma activa empleando sus facultades y talentos. Hay algunos especialistas que distinguen entre “Palabra de Dios” e “Inspiración”, otros lo tratan en un mismo asunto. Dios se comunica con un lenguaje accesible al hombre, la Palabra. La Palabra es propia de la persona y es el vehículo de la comunicación. De allí, hablamos de un Dios personal. La palabra expresa sentimientos, decisiones, órdenes, conceptos, ideas. La Palabra cumple funciones específicas, es decir, es informativa, expresiva e interpelativa como lo señala Mannucci, Junco y Lambiasi. Por eso, en la Biblia descubrimos que la Palabra de Dios está encarnada en el lenguaje humano, esto lo comprendemos gracias al misterio de la Encarnación. Por tanto, hablamos de la Palabra divino-humana.

Bibliografía: V. Mannucci, La Biblia como Palabra de Dios, Bilbao 1997. Aa.Vv. Biblia y Palabra de Dios, Estella 1989. C. Junco Garza, Escucha, Israel. Introducción a la Sagrada Escritura, México 1995. F. Lambiasi, Breve introducción a la Sagrada Escritura, Barcelona 1988. M. A. Tábet, Introducción general a la Biblia, Madrid 2003. Aa.Vv., La Palabra de Dios en lenguaje humano, Salamanca 1994. R. E. Brown, 101 preguntas y respuestas sobre la Biblia, Salamanca 2006. J.Quezada del Río, Los hechos de Dios. ¿Qué es la Biblia? Por qué y cómo leerla, México 2005. E. Arens, La Biblia sin mitos. Una introducción crítica, Lima 2004.

Introducción a la Teología

1. ¿Cómo se ha hecho, cómo se hace y cómo se debería de hacer teología desde tu punto de vista? (convendría basarse en ALSZEGHY-FLICK Cómo se hace teología, que viene referido en la guía de actividades de la materia, 1ra unidad, pero no necesariamente).

La teología se ha elaborado en proceso histórico distinto en cada época, de ahí que hablamos de la teología patrística y su método con su referencia escrituraria, siendo testigos de la Traición y dándose los inicios con el diálogo de la cultura grecolatina. Además de la teología y método del Medievo, Moderna y Contemporánea. Dándose en nuestros tiempos un nuevo horizonte a partir del Concilio Vaticano II.
En la época postconciliar, se han dado varias propuestas metodológicas de la teología como el de inmanencia de Blondel, el transcedental de Rahner, el psicológico de Newman y el de la correlación de Tillich.
Sin embargo, se debería hacer teología con un método de integración de los métodos mencionados. También cabe mencionarse que la mayoría de los teólogos coinciden en tomar los lineamentos del Vaticano II: La Sagrada Escritura, los Padres, la Tradición, el Magisterio como auditus fidei y la interdisciplinaridad, es decir, su relación con la filosofía, con las diversas ciencias hermenéuticas, síntesis teológica como intellectus fidei. No se puede hacer teología si no se toma en cuentas estos aspectos mencionados.

Bibliografía: G. Pozzo, Método, en: Diccionario de Teología Fundamental, Madrid 1992, pp. 908-927. R. Fisichella, Introducción a la Teología Fundamental, Estella 1993, pp. 61-76. J. Crespo Garduño, Fe y cultura como quehacer teológico, México 1993, pp. 25-31. J.B. Libanio – A. Murad, Introducción a la Teología. Perfiles, enfoques, tareas, México 1996, pp. 72-100. J. M. Rovira Belloso, Introducción a la Teología, Madrid 1996, pp. 123-148. 151-193. J.-P. Torrel, Nuevas corrientes de Teología Fundamental en el período postconciliar, en: R. Latourelle – G. O’Collins, problemas y perspectivas de la Teología Fundamental, Salamanca 1982, pp. 23-40.

2. ¿Se puede abordar la teología como ciencia, sí o no, fundamenta tu respuesta?

Claro que la Teología se puede abordar como ciencia, pero hay que aclarar, que no como las ciencias experimentales o empíricas, dado que su objeto de estudio es algo evidente con el cual se puede experimentar, verificar, comprobar, manipular y repetir los resultados obtenidos. En el caso de la Teología es una ciencia por el instrumental científico que utiliza y no por su objeto. Además la identidad de la ciencia se define por el objeto que estudia y no viceversa; en otras palabras, el objeto no define a la ciencia. Por ello se dice que el objeto de la Teología es el acontecimiento de la Revelación, algunos autores prefieren decir “Historia de la Salvación”, y la fe de los cristianos en comunidad eclesial. Por eso dirá R. Fisichella, refiriéndose al acontecimiento de la Revelación que «ha sido dado “una vez por todas” en la historia de la humanidad», es decir, no hay verificación ni repetición de hechos, que habrá de «probar su solidez histórica, mediante diversas ciencias históricas y arqueológicas, valorando su sentido a través de un plan hermenéutico que permita la comprensión del significado real de los textos y la intención de los autores…».

Bibliografía: G. Pozzo, Método, en: Diccionario de Teología Fundamental, Madrid 1992, pp. 908-927. R. Fisichella, Introducción a la Teología Fundamental, Estella 1993, pp. 61-76. J. Crespo Garduño, Fe y cultura como quehacer teológico, México 1993, pp. 25-31. J.B. Libanio – A. Murad, Introducción a la Teología. Perfiles, enfoques, tareas, México 1996, pp. 72-100. J. M. Rovira Belloso, Introducción a la Teología, Madrid 1996, pp. 123-148. 151-193. M. Seckler, Teología y ciencias, en: Diccionario de Teología Fundamental, Madrid 1992, pp. 1423-1430.